jueves, 21 de agosto de 2025

La increíble (pero verídica) historia del Cartel de las Barras y las Estrellas.



Por: Luis Salas Rodríguez. 

En estos días, al calor de las movilizaciones militares y políticas del gobierno de Donald Trump contra países latinoamericanos bajo la excusa de la lucha contra el narcotráfico, ha salido a relucir el Fuerte Bragg.


Ubicado en Carolina del Norte, se trata de un ícono de las fuerzas armadas estadounidense. No solo es la base militar más grande dicho país y una de las más grandes del mundo sino también sede de varias de sus unidades y cuerpos más emblemáticos, como las fuerzas especiales Delta, los Boinas Verdes, la 82.ª División Aerotransportada y el Centro de Operaciones Psicológicas del Ejército.


Otra célebre instancia con sede en Fort Bragg es la infame Escuela de las Américas, a donde se le trasladó tras su salida de Panamá. 


Recientemente, unidades de Fuerte Bragg fueron desplegadas al sur de los Estados Unidos en operaciones para la detección y captura de inmigrantes ilegales


Y ahora, según diversos medios y voceros, es uno de los puntos neurálgicos de las operaciones a emprender contra -siempre según dichos medios y voceros- los carteles de la droga en el Caribe y Suramérica. 


Pero antes de entrar en esto último no podemos dejar pasar por alto la historia del Fuerte Bragg. O, para ser más específicos, de su nombre.  


Aunque en sentido estricto en cuanto emplazamiento militar existe desde el siglo XIX, el nombre de Fuerte Bragg le fue dado durante su reapertura en el marco de la primera guerra mundial en homenaje a Braxton Bragg, un esclavista y supremacista blanco que peleó junto al bando confederado alcanzando el rango de Coronel. El fuerte llevó ese nombre hasta 2021, cuando tras la muerte en 2020 del afroamericano George Floyd a manos de la policía, las protestas obligaron a reevaluar los lugares que llevaban nombres de miembros de la Confederación. El cambio fue ordenado por el Congreso en 2021, denominándosele a partir de entonces Fort Liberty.


Nombre que mantuvo hasta febrero de este año, cuando fue cambiado por instancia del nuevo Secretario de Defensa Peter Hegseth de nuevo a Fuerte Bragg. 


Recuperar el nombre original fue literalmente un propósito de Hegseth desde su primer día en el cargo. "Deberíamos volver a cambiarlo, porque el legado importa", dijo en una entrevista. "Mi tío sirvió en Bragg. Yo serví en Bragg. Rompe un vínculo generacional". 


Sin embargo, dicho propósito chocaba con un problema: la ley de 2021, que, como dijimos, prohibía los nombres de supremacistas blancos confederados para las instalaciones militares. Así las cosas, la vuelta que le dieron fue renombrarlo Bragg pero ya no en alusión a Braxton Bragg sino a Roland L. Bragg, un desconocido soldado nativo de la zona que prestó en la Segunda Guerra Mundial. Roland L. Bragg recibió una medalla al mérito por sus acciones de valentía durante dicha guerra, pero todo el mundo estaba claro que, en realidad, no era en su nombre que se renombró la base. De haberse apellidado Smith, Porter o cualquier otro no habría tenido el honor: su suerte fue llevar el apellido Bragg y, vacío legal mediante, servir de interpuesta persona para llamar al fuerte de nuevo Bragg en honor a Braxton Bragg –con el cual no mantenía ningún vínculo de sangre- sin infringir la ley. 


Al momento de firmar la orden Hegseth lo dejó claro: "el fuerte Bragg está de vuelta".


Ahora, ¿tiene algo que ver todo esto con la ofensiva de Trump contra Venezuela? 


En realidad nada y mucho. Nada porque en sentido estricto una cosa no tiene que ver con la otra. Pero mucho porque la historia reitera las ironías y no poco cinismo detrás de la narrativa del Cartel de los Soles. 


Y es que recientemente, un libro del periodista Seth Harp de la Revista The Rolling Stone, titulado  The Fort Bragg Cartel: Drug Trafficking and Murder in the Special Forces, revela cómo las fuerzas especiales más secretas y de élite del ejército norteamericano están muy involucradas en el narcotráfico. 


El libro también analiza cómo la intervención militar estadounidense a menudo estimula la producción de drogas, incluso en Afganistán, que se convirtió en el mayor narcoestado del mundo durante los 20 años de ocupación estadounidense, siendo que la mayor parte del narcotráfico y la producción de drogas lo llevaban a cabo caudillos, jefes de policía, comandantes de milicias, que estaban en la nómina de Estados Unidos en una estructura corrupta.


Lo que esto significa es que mientras en la superficie de las narrativas dominantes Fort Bragg se muestra como base de operaciones en la lucha contra el narcotráfico, por debajo, en realidad real, es una base de operaciones del narcotráfico en los Estados Unidos.


Recordemos, por ejemplo, que en dicho fuerte se formó el sanguinario Cartel de los Zetas, originalmente un grupo comando de la marina mexicana creado para el combate al narcotráfico y que a las primeras de cambio desertó para convertirse en Cartel.


Y con dicho fuerte tuvo vinculación Barry Seal, el célebre aviador al servicio de la CIA para el transporte ilegal de armas a la contra nicaragüense quien una vez que las dejaba regresaba a los Estados Unidos cargado con drogas del Cartel de Medellín, todo bajo el conocimiento de los servicios secretos y alto gobierno norteamericanos. Incluso hay una película protagonizada por Tom Cruise American Made que cuenta su historia.


Otro vinculado con Fort Bragg fue Frank Lucas, traficante acusado de introducir e inundar las calles de Nueva York con heroína proveniente de Laos y Camboya durante los 60 y 70 del siglo pasado, heroína transportada en aviones militares  dentro de las bolsas con los cadáveres de soldados norteamericanos muertos en Vietnam. Fort Bragg era un de los sitios dónde aterrizaban. También hay una película que cuenta esa historia, en este caso protagonizada por Denzel Washington American Ganster


En fin, no habrá evidencia de la existencia del Cartel de los Soles, pero sí mucha de la existencia de uno con Barras y Estrellas. 


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